Las mil caras

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Tengo que confesar dos cosas. “Las mil caras de Eva” no era mi nombre favorito para la web, y, además, a la hora de comprar dicho dominio, yo aún no había visto Las tres caras de Eva (error ya enmendado).

Confesaré una tercera cosa: soy horrorosa para inventar títulos. La mayoría de mis historias tienen títulos creados por otros, o títulos de “trabajo” que ahí se quedaron porque soy incapaz de encontrar algo mejor. Con las mismas, decidí crear la web y llamarla “Pongamos que hablo de Tracy Lord”. Sin consultar. Sin mirar nada más. Tracy Lord es la protagonista de Historias de Filadelfia, esa mujer con carácter y, sobre todo, sentido de la ironía que interpreta una fiera Katharine Hepburn. Lo que ocurre al meter “Tracy Lord” en Google es que no sale esta maravillosa y legendaria pelirroja, sino la actriz porno Traci Lords. Y aunque yo no tengo nada en contra del porno per se, no quería precisamente llamar ese tipo de atención.

Mi mujer favorita del cine clásico, la que quiero ser, es realmente Hildy Johnson, la aguerrida reportera de Luna Nueva (y NO, no hablo de Crepúsculo) que habla tan rápido como su exmarido y que no tiene miedo de llevarle la contraria, discutir y mandarle a la porra. Hildy Johnson era una maravillosa Rosalind Russell, y veréis su foto rondando porque mi admiración por ella es ciega. Pero es un nombre complejo para decirlo en España a todas horas.

“Las mil caras de Eva”, sin embargo, es claro. Homenajea a Joanne Woodward y la personalidad múltiple de sus Eves, pero sobre todo quiere hablar de todos esos personajes femeninos, alejados de tópicos, que han sido encarnados por fantásticas mujeres en pantalla y creados por mujeres y hombres tras ella. Esas millones de Evas detrás de la Eva suprema, la que no era pecadora ni costilla por naturaleza, sino aguerrida y aventurera.

Estoy pensando en Sally Allbright, Holly Golightly, Scarlett O’Hara, Miranda Bailey, la princesa Leia, Kalinda Sharma, la Agrado y tantísimas miles que han pasado por nuestros ojos en diferentes tamaños de pantalla. Mujeres de carne y hueso, fuertes y débiles, buenas y malas, divertidas, complejas y reales como la vida misma. También estoy pensando en todas aquellas que trabajan para lograr que esas mujeres vean la luz: no habría Sally sin Nora Ephron, Miranda sin Shonda Rhymes, Hannah Horvath sin Lena Dunham, Ann sin Isabel Coixet o Maya sin Kathryn Bigelow.

El cine no es masculino ni femenino. Estamos acostumbradas a proyectarnos en el hombre protagonista mucho más que ellos están acostumbrados a proyectarse en la mujer protagonista, pero el asunto está cambiando. Aun así, como crítica, creo que es necesario hacer una observación cuidada de lo que vemos, a quién corresponde y qué defectos tiene. Alguien ha de levantar la voz para decir que, por mucho que guste o disguste, la nueva saga del Planeta de los simios parece tener en mejor consideración a los monos de la película que a las mujeres que hay en ella o que Ava DuVernay hizo con Selma un trabajo prodigioso. Es necesario ver con los ojos con los que el 50% de la población ve, y darle voz a esa visión. Y para eso estamos.