La gran mentira

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Por Claudia Lorenzo

Las mujeres son las peores para las mujeres. Eso dicen. Desde que una nace. No se nace mujer, se llega a ser mujer y muchas voces quieren enseñarnos cómo hacerlo. Sobre todo en casos como éstos en los que, desde muy pequeñita, te martillean, por activa y por pasiva, con que a mala ganas tú. Ellos serán brutos, pero nosotras somos diabólicas. Sobre todo con nosotras mismas. Y sin darte cuenta, poco a poco vas asimilando esa creencia, esa gran mentira que te han contado.

Para eso HBO ha puesto en nuestro camino Big Little Lies.

Big Little Lies no es Las chicas Gilmore de Monterey. En un primer momento, la gente, las mujeres, no se llevan bien. Ni mucho menos. Al inicio, como diría un amigo (y toda la sociedad machista), se muestran buenos ejemplos “de las envidias femeninas y de lo malas e interesadas que pueden llegar a ser las mujeres con las mujeres”. Aunque, para ser exactos, y aunque muchos no lleguen a captar la sutil diferencia, lo que se muestran son muchos ejemplos de lo que ocurre cuando las mujeres se tragan eso que decía mi amigo, aunque sea falso.

Toda la trama sucede en la costa norte californiana, en un pueblo de alta gama idílico. Sus protagonistas son las madres de niños de primer curso, unas madres que van desde el grupo de amigas formado por la Madeline de Reese Witherspoon, un personaje con un corazón más grande que una casa y también con un interés por meterse en la vida del resto más grande que una urbanización; Celeste, interpretada por Nicole Kidman, ama de casa entregada a unos gemelos y a un marido aparentemente perfecto; y Jane, la chica joven, nueva y, en cierto sentido, “pobre” del lugar, la madre soltera, a cargo de Shailene Woodley. Alrededor, como personajes esenciales para la historia (y femeninos) encontramos a Renata (Laura Dern), ejecutiva y miembro del consejo directivo de una multinacional, y Bonnie (Zoe Kravitz), la nueva y joven esposa (también madre de su segunda hija) del exmarido de Madeline.

Big Little Lies comienza con dos misterios y, a lo largo de sus siete capítulos, nos presenta otros dos. Los iniciales van entrelazados: ha habido una muerte y hay alguien que lo ha hecho. La serie hace creer que su desarrollo será la investigación y que, para realizarla, muy a lo Broadchurch, es necesario entrevistar a todos los implicados en la noche del asesinato… A todos menos a los protagonistas. Poco a poco, sin embargo, la historia nos demuestra que esas entrevistas policiales no están para ser creídas, sino ara decirnos que debajo de las falsas apariencias se oculta algo más profundo.

Mientras la investigación se desarrolla, otros dos sucesos salen a la luz. El primero, que Annabella, la hija de Renata, sufre maltrato escolar. Reticente a confesar al autor de los hechos, la niña al final apunta hacia Ziggy, el hijo de Jane, quien defiende su inocencia. El cuarto misterio, que viene unido a este tercero, se pregunta quién es el hombre que violó a Jane y la dejó embarazada. Que un hijo adorado por su madre sea fruto de un suceso tan traumático hace que ella se pregunte cuánto de su código genético tendrá el niño en las venas. Y, a la vez, un relato más profundo cobra fuerza: la historia del maltrato psicológico y físico que sufre Celeste a manos de su marido. Una historia que ella calla, rechaza y de la que se avergüenza, hasta que poco a poco va dándose cuenta de la gravedad de las situaciones que ocurren en casa.

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Y en este mosaico de tramas femeninas, hay algo que une a todas las mujeres y que ellas aún no saben. Una experiencia, unos deseos y unos intereses comunes. Si bien Renata quiere pensar que todas la odian por ser madre trabajadora con éxito, lo cierto es que tanto Jane, que busca más empleos para llegar a fin de mes, como Celeste y Madeline, que trabajan aunque económicamente no lo necesiten, se realizan a partir de sus vidas ajenas a la maternidad. Si bien todo el mundo fuera del círculo de las tres amigas se mete con Madeline por estar siempre en medio de todos los fregados, lo cierto es que es una amiga de hierro que, en cuanto se encariña con Jane, la protege hasta el infinito y más allá. No hay plano que deje más claro el vínculo entre estas tres mujeres que la imagen de Jane corriendo sola por la playa cuando, a los pocos segundos, Celeste y Madeline la alcanzan y flanquean. Y sin bien Jane es, a ojos de Renata, una joven que está malcriando a un niño, cuando ésta le confiesa que Ziggy ha ido al psicólogo y que no tiene perfil de abusón pero que, como madre, entiende perfectamente la preocupación de Renata por su hija, la ejecutiva se derrite de amor y cree encontrar a alguien que la entiende.

Todas las protagonistas de este relato están siendo incomprendidas por aquellos que no las conocen bien y que proyectan en ellas lo que creen que son. Tampoco se comprenden a sí mismas, no completamente, porque han bebido de esa creencia, de ese martilleo que intenta potenciar en la sociedad la falta de sororidad cuando lo cierto es que la sororidad, como demuestra la historia, sale por sí misma. Porque las mujeres no son enemigas, sino todo lo contrario. Porque comparten experiencias y, en el caso que nos ocupan, se unen al compartir traumas. En el último capítulo queda patente cómo, a través de percepciones, intuiciones, miradas y experiencias comunes, todas encajan como un puzle.

Big Little Lies no es un misterio sorprendente. La revelación del asesino y el asesinado alivian el peso de la historia pero no la mueven. Lo que hace esta serie es poner sobre la mesa el relato femenino de las madres a tiempo completo. Las mujeres que se toman un café juntas después de dejar a los niños en el colegio, las que se llaman y se buscan cuando están preocupadas, las que se confiesan secretos imposibles, las que están tan unidas que son incapaces de guardar confesiones de terceros entre ellas pero que no pueden sacar de dentro los problemas que realmente les roban el sueño… Es una serie que analiza los sentimientos que tienen las madres hacia sus hijos, y el papel de éstos en definir la identidad de las mujeres que les dieron la vida. Habla de la unión femenina. Cuenta que el foco de las críticas familiares se centra en cómo Madeline se siente amenazada por la presencia de Bonnie, pero también que sus respectivos maridos compiten como gallos.

Big Little Lies habla de errores, de imperfecciones. Habla de traumas. De la amistad femenina, de su existencia y la necesidad vital que todas tenemos de ella. Habla de violencia ejercida sobre las mujeres, de muchos tipos, desde muchos frentes. Pero, sobre todo, nos grita a la cara que lo peor para las mujeres no son las otras mujeres, sino que nos hayamos creído semejante bobada durante tanto tiempo.

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