Lo ausente

33-JULIETA-ALMODOVAR-695x463

Por Claudia Lorenzo

Hace poco, Historia de nuestro cine dedicó una semana a los Óscar españoles, a todos aquellos que habían ido a Hollywood y que habían triunfado, ya fuese siendo nominados, premiados o seleccionados. José Luis Garci, sin embargo, destacó uno de “nuestros” premios por encima del resto, aquél que Pedro Almodóvar ganó en 2003 a Mejor Guión Original por Hable con ella. Incidía en él por ser “diferente”, por no estar relegado a una categoría de “películas extranjeras”, por incluirse en las nominaciones generales y equiparar al director con otros nombres propios de la industria americana.

Que Almodóvar despierta en ciertas partes del mundo, o ciertos círculos, tanta admiración como en otros supone escuchar “Iniesta” o “Picasso” ya no es algo que debería sorprendernos. Julieta tiene el privilegio de ser una película distribuida en su propio país también con subtítulos en inglés, y la llegada de las primeras críticas de la última de Pedro a los cines se espera en Estados Unidos tanto, o más, que en España.

Yo, que tuve la experiencia de ver Los amantes pasajeros en un cine escocés rodeada de un público heterogéneo, que se rio bastante más que yo ante la comedia que proponía Almodóvar, reconozco que la llegada de cualquier película de este hombre a las salas es un acontecimiento internacional, nos guste o no, acompañado de una campaña de promoción arrolladora y también enigmática.

En el caso de Julieta, ese enigma que acompaña a las palabras de su creador, repetidas hasta la saciedad, que se dicen mucho pero no dicen nada (“es un drama seco”), también se convierte en su mejor ventaja. Es bueno entrar en esta película sabiendo sólo lo que te dicen los títulos de crédito del principio, que es “un film de Almodóvar” (nótese que nuestro icono más internacional no necesita nombre de pila). Julieta es, efectivamente, seca, tal vez en oposición a otros trabajos del director mucho más melodramáticos. Es, también, una película compacta, más redonda que sus directas predecesoras, que ofrece una variedad de personajes exclusivamente al servicio de la historia central y que presenta semejante abanico desde un punto de vista muy concreto y limitado: el de su protagonista.

Así, lo mejor de esta nueva película de Almodóvar puede ser también su mayor crítica: los agujeros en el guión. Porque si elegimos constantemente la visión de la historia a la que sólo Julieta tiene acceso, también tenemos que respetar sus decisiones, su ignorancia, su culpa y su ausencia en momentos importantes del filme.

Esa promoción almodovariana que comentábamos antes, arrolladora pero vacía de contenido, es esencial para obtener lo mejor de la experiencia cinematográfica posterior. Porque lo que viene es, en esencia, una sorpresa. ¿Qué me está contando la historia? ¿Un relato de amor, de dolor, de muerte, de fanatismo? ¿Qué ocurre en los momentos que no veo? ¿Por qué no sabemos detalles de los protagonistas, sino que los intuimos? Almodóvar se mete en múltiples jardines con este filme sin profundizar en ellos, porque Julieta no profundiza, sino que intenta abrirse paso a machetazos entre la vegetación. Es una mujer llena de dolor, de ideas, pero sin conocimientos exactos sobre lo que ocurre a su alrededor, conocimientos que muchos no tenemos acerca de las motivaciones de aquellos cercanos a nosotros. Y esa ignorancia se trata en su relación con su hija, pero también en la relación con su padre, sus parejas o incluso consigo misma.

La ausencia de detalles, esas explicaciones que le faltan a Julieta, también le faltan al espectador, y es cuestión de cada uno aceptar si funcionan o no. Julieta es una vuelta al guión cerrado de Almodóvar, aquel del que carecían Los amantes pasajeros o Los abrazos rotos. Pero lo hace con un tratamiento arriesgado, con una forma de contar la historia que dejará a muchos espectadores incapaces de entrar y a otros dudando si esa forma de aproximarse al argumento es elección o pura vagancia de su autor, si esas elipsis, esas dudas, esos matices que nos estamos perdiendo, son intencionados o una forma de justificar un trabajo pobre. Hay momentos desdibujados, como otros están llenos de honestidad (la luminosa presencia de Inma Cuesta contrarresta la confusión del personaje de Rossy de Palma). Y hay elecciones que no se entienden, como la que erradica acentos de lugares tan característicos como Galicia o Andalucía.

Pero es una genialidad describir el puzle en el que se mueven muchas de nuestras vidas, nuestros problemas y nuestros dolores, y ponerle continuidad a unos relatos en los que nunca conseguimos obtener una visión panorámica de lo que de verdad está ocurriendo. Hay más ausencias que presencias en nosotros. Almodóvar ha vuelto a filmar la vida y, efectivamente, es más seca de lo que parece.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *