La increible mujer caníbal

Nora

Por Claudia Lorenzo

“Cuando nos morimos… Dios mío, ¿tú me escuchas? ¿Ves lo que acabo de decir?”. Delia Ephron, hermana pequeña de Nora Ephron, su mano derecha en muchos trabajos, su competidora en muchos otros y, probablemente, la persona más cercana a ella a lo largo de su vida, mira a su sobrino, Jacob Berstein, director del documental Everything is copy, y se sorprende de lo que acaba de decir. Hasta junio de 2012, las vidas de Nora y Delia habían estado tan intrínsecamente unidas que el hecho de morirse parecía también destinado a la primera persona del plural.

La sombra de Nora Ephron es cada día más alargada. Dice Steven Spielberg delante de la cámara que hacer reír a Nora, algo que él sólo consiguió un puñado de veces a lo largo de dos décadas, era fantástico, como ganar un Óscar. Porque la Ephron no se andaba con chiquitas, y además de una escritora incisiva, irónica y mordaz, era una persona igualmente crítica y dura. “No es malo ser dura”, comenta su editor, Robert Gottlieb. “Como tampoco es malo ser ambiciosa. Si Nora no hubiese sido tan dura, o tan ambiciosa, como lo fue, no hubiese llegado a donde llegó”.

Jacob Bernstein, retoño de Ephron y el periodista del Watergate Carl Bernstein (Dustin Hoffman en Todos los hombres del presidente, para situarnos), reportero él mismo del New York Times, dirige su primera película poniendo el foco en su madre, en su vida y su talento.

Nora Ephron fue una creadora inimitable, alguien repleto de un ingenio único para el humor, una mujer inteligente que peleó y se mantuvo en sus trece. Fue la guionista de Cuando Harry encontró a Sally y la directora de Tienes un e-mail o Algo para recordar, también la joven periodista del New York Post, la columnista revolucionaria de Esquire, la mordaz ensayista del New Yorker, la incesante bloguera del Huffington Post y la ocasional y escandalosa novelista.

Jacob Bernstein muestra todo este arrollador talento en el retrato sincero y sin remilgos de su madre, hija de dos guionistas de Hollywood que murieron alcohólicos y heredera de una creencia familiar en la que todo lo que ocurría alrededor de uno podía convertirse en alimento de la creación literaria. “Los escritores somos caníbales”, dijo Ephron, que seguía la máxima de su madre: “Todo es copia”, todo se puede utilizar para mejorar lo que sea que estés escribiendo.

Siguiendo esta máxima, Ephron fue la mujer que, en la cúspide de su carrera periodística, se enamoró del héroe del momento, Carl Bernstein, se casó con él, se enteró de que su marido le ponía los cuernos embarazada de siete meses de su segundo hijo y, ni corta ni perezosa, aunque rota por dentro, se fue de casa con su retoño, dio a luz, lloró y escribió la novela Heartburn. Una novela cómica en la que, efectivamente, una mujer relata su divorcio tras saber que, embarazada de siete meses de su segundo hijo, su marido le pone los cuernos con una mujer con el cuello larguísimo. “Lloró durante seis meses. Y después lo escribió con humor. Y al hacer eso, ganó”, dice el fallecido director Mike Nichols en el documental. Ganó un triunfo personal, pero también éxito como novelista y una oferta de Hollywood, que adaptó la obra (Se acabó el pastel, con Meryl Streep y Jack Nicholson) y le proporcionó un nuevo empleo de guionista, más apto para su vida de madre soltera.

Heartburn es, precisamente, uno de los temas centrales del documental, en donde el hijo mayor (Jacob), el marido ligero de cascos (Carl Bernstein) y todos los amigos de la familia opinan sobre la acción y su reacción. Porque si Nora se enfrentó a sus sentimientos con la cuchilla del teclado, fue Carl el que sufrió más a largo plazo, gracias al sistema de defensa de la autora y a la película nacida de su vida. Hubo quien se preguntó quién era peor padre, si el que engañaba o la que escribía sobre ello de forma ridícula, dejando una imagen nefasta de un hombre ante sus hijos.

Pero lo que demuestra el filme es que la escritura no era un empleo para Ephron, era una forma de sobrevivir, su arma para pelear con el mundo. En el prólogo de la última edición de Heartburn escribía: “Todo el mundo me pregunta: ¿se enfadó contigo por escribir el libro? Y tengo que decir que sí, se enfadó. Aún está cabreado. Es una de las cosas que más me fascina de todo el asunto: ¡me puso los cuernos y después se permitió comportarse como si él hubiese sido el ofendido porque escribí sobre ello! Quiero decir, no es como si antes no hubiese sido ya escritora. Ni como si nunca hubiese escrito sobre mí. Incluso había escrito sobre él. ¿Qué creía que iba a pasar? ¿Qué haría voto de silencio por primera vez en mi vida?”.

Su ironía y su “dureza” son aspectos discutidos en el documental, que bromea sobre el hecho de que la directora era la reina de la comedia romántica cuando no era nada sensible. Tom Hanks se carcajea al recordar cómo Ephron, sin titubear, despidió al actor que hacía de su hijo en Algo para recordar: “¿Que has despedido al niño?”, le gritó el actor al enterarse.

Pero, sobre todo, se hace hincapié en cómo sus obras eran una copia de ella misma, desde los ensayos en los que hablaba de sus pechos pequeños, sus bolsos o su cuello arrugado, hasta la cinematográfica y optimista Sally encontrada por Harry, un calco de su personalidad, pasando por la relación entre Julia Child y su marido en Julie y Julia, un homenaje a su tercer y exitoso matrimonio con Nick Pileggi (ella había dicho, cuando le pidieron que escribiese su autobiografía en un puñado de palabras: “El secreto de la vida. Casarse con un italiano”).

Nora Ephron rompió techos de cristal que nadie había siquiera alcanzado antes, y, como dijo en una ocasión, cambió de carrera tres o cuatro veces. Si bien no es necesario que gente como Nichols, Spielberg, Amy Pascal, Meryl Streep, Meg Ryan, Tom Hanks, Rita Wilson, Gay Talese o muchos otros digan a la cámara lo importante que fue que existiese esa mujer, y si bien es cierto que basta con leer sus obras, con ver su cine y ser testigos de sus hilarantes discursos en los homenajes a Streep o Nichols en el American Film Institute (Youtube pide a gritos que consultéis esos momentos), se agradece que un documental tan completo, divertido y sincero con su personaje principal nos recuerde lo mucho que la echamos de menos y lo muy necesaria que ha sido su presencia en la cultura del siglo XX.

“Lo que me separa de aquello que escribo es, sospecho, un sentido del absurdo que hace que me sea difícil tomarme muchas cosas en serio”

Wallflower at the Orgy

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