¿Qué será de ti, Katniss?

Katniss

Por Claudia Lorenzo 

(Destripamos la película a cascoporro. Avisados quedáis.)

Una razón visceral llevó a Katniss Everdeen a sumergirse en el horror y la aventura de su vida. Su hermana pequeña había sido elegida para participar en un macabro programa de telerrealidad y competición a muerte entre niños hasta que sólo quedase uno, y eso para Katniss no era viable. Así que allá se fue ella, a enfrentarse a los demás distritos, a conocer a Rue, a aprender a querer a Peeta, a distanciarse de Gale, a luchar por un mundo mejor, a desafiar al Hitler de su época y a hacer millones de cosas más mientras nosotros, atónitos en la sala del cine, nos enamorábamos de ella. De ella y de Jenny, claro, porque Katniss Everdeen no habría sido lo mismo sin el rostro y la fiereza de Jennifer Lawrence.

Los juegos del hambre, la trilogía de Suzanne Collins, está contada en primerísima persona. No hay nada de nadie que no sepamos si Katniss no lo descubre antes, y no hay momento de la historia que no nos llegue de forma especial, precisamente porque viene filtrado por ella. La locura de la primera entrega de la saga cinematográfica vino dada por ese tremendo respeto a la narradora. Si bien había momentos en los que nos íbamos a ver qué maquinaba Snow en su guarida de Panem, nuestra historia central era Katniss, siempre ella. Lo mismo sucedió en la segunda parte, En Llamas, e incluso en Sinsajo 1. Sinsajo 2 es sin embargo un batiburrillo de acción que deja de lado lo más importante: a su protagonista.

Y hay varias escenas totalmente diferentes que lo ejemplifican. La primera es un momento robado a los dos chicos de la película, a Peeta y Gale, que comparten confesiones una noche mientras atraviesan la ciudad plagada de trampas para matarlos. Se declaran mutuos rivales y se preguntan qué ocurrirá si todo acaba y los tres continúan con vida. ¿A quién elegirá Katniss amar, ahora que el odio queda desterrado? Gale, que la conoce mejor que nadie, declara: “Escogerá aquel sin el cual no pueda sobrevivir”. Y esa frase, que parece que Katniss escucha de pasada, debe convertirse en un momento de revelación para ella. Gale no declara que ellaquiera más a uno que a otro, o que vaya a dejarse llevar por la pasión hacia su amigo de toda la vida frente al cariño tranquilo pero estable que le ofrece el hijo de los panaderos. Gale no admite que Katniss pueda hacer caso a su corazón, sino que apela a su racionalidad, a su visceralidad, a su mente y a su egoísmo. Katniss no escogerá en base a quién la quiere o a quién puede hacer ella feliz o amar. Escogerá egoístamente intentando sufrir lo menos posible. Esa frase se repite en el libro, precisamente porque resuena en la cabeza de la narradora y porque ella misma siente que no sólo es un retrato cruel hacia su persona, sino que viene de alguien que debería serle más leal. Lamentablemente, en la película queda ahogada por momentos de acción seguidos entre sí y con poco impacto emocional.

El segundo momento que que nos aleja de Katniss, del ser humano tan contradictorio que podría haber sido en esta Sinsajo 2, es aquella en la que su hermana muere. Narrada con rapidez pero de forma certera en papel, la escena se beneficia del hecho de que la trayectoria de Prim como enfermera queda patente a lo largo de la novela y tiene mucha importancia en la última entrega: los soldados están en el frente, y también los sanitarios. La hermana pequeña se revela como una chica con personalidad y fortaleza propia, más allá de la niña miedosa que salió seleccionada en la primera entrega. Prim escoge su camino y lo hace con decisión y seguridad, asumiendo que Katniss corrió un gran riesgo para darle una segunda oportunidad en la vida y que semejante riesgo merece ser aprovechado. Precisamente, en la valentía adquirida de Prim y en lo inútil de su muerte es donde reside la tragedia. Empezamos la historia con el único objetivo de intentar salvarla y acabamos siendo incapaces de hacerlo. Y si bien la acción que ocurre es igualmente veloz en la novela y en el filme, en éste último su trascendencia se pierde, igual que el drama que supone y ahoga a Katniss.

Y un tercer detalle importante sobre el que el filme pasa de puntillas y que continúa moldeando la personalidad de Katniss, es que decide mantenerse alejada de Gale porque es incapaz de saber si tuvo algo que ver con la muerte de su hermana. Una decisión claramente determinada por el dolor que le produce siquiera pensar en ello y que en el libro es propia, aunque Gale le dé la razón. El triángulo amoroso no sólo se rompe, sino que también lo hace la amistad de toda una vida. El final de Katniss es más amargo que dulce, por muy real que sea su amor por Peeta.

No soy una loca de la fidelidad a la hora de adaptar, precisamente porque me gusta ver cómo el cine puede transformar formatos y lograr impactarnos (para muestra, el botón de La Novia y Bodas de sangre) sin repetirse. El mal sabor que nos deja el final de Los juegos del hambre: Sinsajo 2 es precisamente tal porque todo en ella prometía: su punto de partida, su revolucionaria protagonista, su actriz principal, su argumento, sus riesgos a la hora de contar una historia de niños y violencia…

Katniss seguirá siempre en nuestros corazones porque es una mujer memorable. Pero su historia merecía un cierre justo. Triste, pero justo.

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