“Hay presencia de personajes femeninos en el cine, pero no complejidad plena”

La Novia_Teo Palomo
Paula Ortiz retratada por Teo Palomo

Entrevista con Paula Ortiz

Por Claudia Lorenzo

“Leí Bodas de sangre con 14 o 15 años, y recuerdo perfectamente la sensación de convulsión interna. Y también recuerdo entender, a pesar de no haberlo vivido, lo que allí se decía, las resonancias universales de la obra”.

Paula Ortiz es filóloga, directora, guionista, profesora, doctora en Teoría de Escritura de Guión de Cine y mente inquieta. Compagina su labor tras las cámaras (desarrollada anteriormente en los cortometrajes El hueco de Tristán Boj, Fotos de Familia y El Rostro de Ido, y el largometraje De tu ventana a la mía) con su trabajo en la Universidad San Jorge de Zaragoza, donde da clases en el grado de Comunicación Audiovisual.

Y es la responsable del ciclón producido en otoño del 2015 por el desembarco en nuestras pantallas de La novia, adaptación fílmica de Bodas de sangre, interpretada por Inma Cuesta, Asier Etxeandía, Álex García, Luisa Gavasa, Leticia Dolera o Carlos Álvarez-Novoa, en su último papel para el cine, entre otros. Y decimos “ciclón” porque el primer pase, de prensa, en el Festival de San Sebastián, se saldó con unos cuantos corazones rotos por la inevitable tragedia, pero también con alabanzas a diestro y siniestro para todos, en especial para su mente maestra (y desde entonces, premios por donde pasa y casi un bingo completo en las candidaturas de los Premios Feroz). Ortiz ha demostrado con su segunda película que el universo visual desarrollado en De tu ventana a la mía no era casual y ha encontrado un cómplice ideal para su imaginario en los versos de Federico García Lorca.

Así que dos días después de ese revolucionario pase de prensa nos sentábamos con la directora, recién llegada a la capital donostiarra, para hablar de una de las sensaciones del cine de finales de 2015.

¿Qué dijo la gente cuando propusiste adaptar una obra de teatro esencial de la literatura española?

La verdad es que encontramos eco, la idea fue escuchada. Los Lorca nos dieron permiso de una forma incondicional, un apoyo inesperado porque somos gente que está empezando. Ha sido una coproducción internacional, pequeña pero en colaboración con otros dos países, y hemos visto que fuera Lorca provoca interés y atracción. No diré que un interés mayor que en España, pero es que en España da miedo, o respeto, meterse con los clásicos, tal vez específicamente con Lorca. Aunque creo que si hubiéramos planteado Luces de Bohemia el “respeto” hubiese sido igual.

¿Se lee poco a Lorca en nuestro país?

Sí, y se lee por obligación. Cuando las cosas se hacen por obligación uno no se apasiona tanto como si el estímulo llega solo. Lorca es una figura que está más presente en España por su vida y lo que significó su muerte, que por su palabra poética. Aunque mucha gente conoce Bodas de sangre, la inmensa mayoría no. Conocen a Lorca pero no sus obras, no saben de qué van. Sí que creo que se lee poco a alguien que cristalizó de una manera tan esencial la forma de expresar nuestros sentimientos y nuestras pasiones.

Dices que elegir Bodas de sangre fue una decisión visceral, fruto de aquella primera lectura de la obra en la adolescencia, más que la decisión racional de alguien que ha leído mucho a Lorca en Filología Hispánica

Hay un motor más pasional que otras cosas, efectivamente. A la hora de decidir conscientemente qué tipo de películas contar, creo que estamos en un momento de sensibilidad trágica, de contar relatos en el código trágico, que es un código que te lleva a experiencias catárticas, emocionalmente, a viajes casi al abismo donde te lanzan una pregunta, aunque no te la contesten. Esos relatos surgen en momentos de derrumbes sociales o culturales, de refundaciones, de replanteamientos, de crisis real. Estamos en un momento que tiene esa sensibilidad y de hecho muchos directores están planteando esos relatos. A veces se malentiende la tragedia como algo triste, y es algo que va más allá de lo triste.

Precisamente cuando Lorca escribe Bodas de sangre, hay quien se plantea si la tragedia sigue existiendo

Exactamente. La tragedia nace con el nacimiento de la democracia en Grecia, se escriben todas las obras en 60 años, y resurge con Shakespeare en el Barroco, otro momento clave en la historia. Lorca vivió otro momento trágico. Ahora, en lo que a sensibilidad se refiere, algo hay en el ambiente que está en este umbral.

Jorge Fuembuena
Parte del equipo de ‘La Novia’ con su directora © Jorge Fuembuena

¿Cómo fue el proceso de encontrar a los actores?

Hicimos pruebas muy duras, porque se les exigían unas herramientas con el texto y con el verso muy fuertes, que pedían mantener el sentir de la cadencia y la musicalidad de la poética y también transmitir naturalidad. A la vez, tenían que ser los iconos que describe Lorca, porque no todo el mundo puede ser Leonardo, no todo el mundo puede ser la Novia, aunque te sientas como la novia o Leonardo. Lorca dibujó unos personajes que ni siquiera tienen nombre, son símbolos: la Novia, la Madre, el Padre… La Novia tenía que ser esa novia lorquiana, esa mujer que se describe de caderas anchas, que nace en el desierto, que vive sola, que es fuerte… Tenía que tener una presencia icónica. En el caso de Inma, fue una de las primeras personas en las que pensamos.

Asier comentaba que primero había hecho pruebas para Leonardo, pero que él no se veía como Leonardo.

Sí, son otros iconos y otra fuerza.

Pues Luisa Gavasa parece que nació para ser la madre.

¿Verdad? Es profundamente lorquiana.

La puesta en escena es muy poco teatral y tremendamente visual. ¿Cómo fue la labor de llevar al cine la obra de Lorca? (El guión está coescrito con Javier García)

Al adaptar la obra quizá no estaba pensando en el lenguaje o los recursos estilísticos, pero en lo visual sí. Parte del reto era, en primer lugar, decidir cómo reestructurar el puzle de la obra. En segundo, decidir qué se quedaba en forma de palabra poética y qué se visualizaría. Lorca hablaba en imágenes muy plásticas, tenía un universo brutal: el cristal, la luna, los vidrios que se clavan en la lengua. Todo eso existe en él. Había que saber qué versos pasaban a generar esas imágenes. Fue uno de los retos más bonitos del guión.

Además evitando la sobresaturación.

Claro, tampoco se podían dejar todos los versos. Si hubiésemos dejado toda la potencia poética y todo el caudal que la obra tiene, la película se hubiera perdido. Hay que elegir qué resuena para que quede ahí. Más que crear nada, la adaptación fue un constante ejercicio de elecciones.

Les disteis un pasado a los tres personajes principales.

Como la historia tiene tanto que ver con las generaciones, las familias, las muertes, y la existencia de una fisura entre ellas, quería concebir el hecho de en el momento en el que se siembran el dolor y la violencia, todo vuelve a salir. Era una forma de mostrar algo que quizá estaba menos presente en la obra, que era que los tres habían sido amigos, que no tenía por qué haber existido esa brecha que surgió posteriormente, que no tenía por qué haber habido culpables, no tenía por qué haber habido tragedia.

Es agobiante el vestido de la Novia, tremendamente abultado y pesado.

Había una intención clara ahí. Lo diseñó Santos Costura, un creador de vestidos de novia. La jefa de vestuario y yo le dijimos que necesitábamos un vestido coraza, pesado, que angustie, que no deje respirar. Lleva el cuello muy subido, severo y tiene algo de teatral, rígido, todo lo contrario a lo primero que piensas en este tipo de vestidos, que es algo vaporoso, con movimiento. Además, es una reinterpretación de un modelo de Balenciaga.

Tanto De tu ventana a la mía como La novia son historias de mujeres. ¿Te atraen específicamente?

Inevitablemente, porque soy mujer. Hay una conciencia desde la que imaginas, una sensibilidad. Siguen faltando en el mercado, en la industria, personajes femeninos, conflictos y sensibilidades femeninas, complejos, con profundidad, con dimensiones. Hay mucho cliché. Hay presencia pero complejidad plena no. Lorca crea personajes donde el odio y el amor están en la mujer, la creación y la destrucción, en ellas residen esas fuerzas, las positivas, idealizadas de manera compleja, y también las negativas. Reivindico esa complejidad y esa profundidad y en La Novia hay una voluntad de hacerlo desde el punto de vista de la conciencia femenina.

Jorge Fuembuena
Paula Ortiz habla con Carlos Álvarez-Novoa durante el rodaje © Jorge Fuembuena

El año pasado, cuando nos vimos con motivo del premio Mujer de cine en el Festival de cine de Gijón, dijiste que te habías asociado a CIMA porque rodando tu ópera prima te habías sentido muy sola. ¿Ha cambiado ese sentimiento?

Ahora al rodar la segunda, ya sabes el proceso al que te enfrentas y lo afrontas de forma distinta, y también es cierto que buscas cómplices, aliados, compañeros de viaje. La primera película fue una experiencia dura. Todas las primeras películas lo son pero para mí, por circunstancias personales, lo fue mucho. Y es cierto que la industria es dura con las mujeres. Las cifras lo dicen, seguimos siendo pocas en todos los ámbitos, en el tuyo también. Hemos llegado un punto, gracias al esfuerzo de las generaciones anteriores, en el que hay igualdad de oportunidades a la hora de formarse. Yo no he sentido que mis proyectos se juzguen en desigualdad. Pero sí es cierto que el mercado, y los términos de la compra-venta son duros con las mujeres, en todos los estratos del audiovisual. Y te hacen sentirte sola en muchas ocasiones. Mucha gente comenta, cuando hemos hablado en CIMA de por qué llegan a asociarse, que lo hace por esa sensación, de dureza y de sobreexigencia. La asociación responde a lo que una asociación es: unir fuerzas, buscar ayuda, tener cómplices. La sororidad de la hermandad de mujeres existe, yo creo en ella, y creo que esa red de ayuda de las mujeres en muchos aspectos de la sociedad la sostiene.

¿Cómo afecta tu trabajo como profesora a tu trabajo como directora, y viceversa?

Bueno, de hecho vivo de dar clase. (Risas) Ambos trabajos me ayudan, me gustaría no tener que dejar ninguno en el futuro. Hay gente que me pregunta por qué sigo dando clase y, aparte del hecho de que me da de comer, lo hago porque la docencia me obliga a dos cosas. Una, a refundarme todos los días, a explicar las bases, lo esencial. Como estás con gente que está empezando y es la primera vez que cuentan historias con imágenes, tienes que volver a contarles lo básico y no perderte en lo de alrededor. Y parece que no pero, cuando se lo estás comunicando a ellos, te lo recuerdas a ti. También te obliga a estar al día, a reflexionar, a leer. Porque yo soy vaga, y si no tuviese que hacerlo, no sé si lo haría. Y te conecta con la sensibilidad actual. A veces hablamos sólo entre nosotros y cuando escuchamos a alguien de veinte años que dice lo que ve, cómo lo ve, cómo lo piensa, uno se sorprende. Por otro lado, creo que soy mejor profesora porque me he enfrentado a un rodaje y sé lo que cuesta rodar un plano. He trabajado con teóricos que a veces hablan con banalidad y frivolidad de los planos de este director o aquél. Yo no puedo hablar con frivolidad. Sé el esfuerzo que hay detrás de todo aquel que se ponga a hacer un plano, una película. Además, de los errores se aprende mucho, pero también se puede enseñar mucho.

Para acabar, hablemos de la música de La Novia, que tiene una personalidad clara en la película

La banda sonora tiene dos capas muy distintas. Una que es el score que ha compuesto Shigeru Umebayashi, una música de esa emoción trágica que se anuncia y que empuja hasta el final. Por otro lado, estaban las canciones populares de la obra original, que tienen algo muy esencial, muy hipnótico, que transmiten lo que se cantaba en las fiestas o lo que cantaban las mujeres cuando estaban juntas. No son exactamente las que están en la obra, pero traté de dejar en el guión las que diesen un sentido dramático y cumpliesen esa función popular, de la tierra, de las personas. Son un poco premonitorias.

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