“Queríamos contar una historia sobre la llamada triple mala suerte: si nace mujer, indígena y pobre, ya le fue mal”

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Entrevista con Jayro Bustamante

Por Claudia Lorenzo

Ixcanul es una de esas sorpresas que llegan cuando uno menos se lo espera. Película guatemalteca, primera en la historia en ser seleccionada por su país como candidata a los Óscar, que cuenta una historia maya de amor y desamor, de desigualdades, de injusticia y, sobre todo, de familia. La siguiente entrevista fue realizada en San Sebastián durante la presentación del filme en la sección Horizontes Latinos con su director, Jayro Bustamante, y la compañía de la productora, Pilar Peredo.

¿Cómo surgió la idea de contar esta historia?

Jayro Bustamante: Empezamos a trabajar en el proyecto después de conocer a la verdadera María, que nos contó su historia. Narrarla se convirtió en una responsabilidad con las mujeres mayas. Existe mucho esto de la triple mala suerte: si nace mujer, indígena y pobre, ya le fue mal. Queríamos contar esta realidad tan dura y de ahí nace el proyecto.

Uno de los momentos más chocantes de la proyección para mí fue el esperar escuchar algo en español y darme cuenta al momento de que iba a tener que leer subtítulos.

J.B.: Esa sensación de esperar algo latino y que suene un idioma que no conoces es una de las cosas más bonitas que están pasando ahora en nuestro país. En Guatemala, el grupo dominante, aunque no el mayoritario, los mestizos, llegan a una sala de cine a ver una película guatemalteca y tienen que leer los subtítulos. Es la primera vez que les estamos sacando de ese confort, que estamos exponiendo realidades que están ahí al lado y que ellos no ven.

La barrera lingüística no sólo existe entre el filme y la audiencia, también entre los personajes mayas y los hispanohablantes

J.B.: Hay realmente una diferencia de oportunidades, de códigos. En muchos casos los mayas no entienden español, en otros sí hay comunicación, pero el esfuerzo nunca viene de parte de los mestizos, sino del otro lado. En Guatemala se habla mucho de que los mayas no se quieren superar, no quieren aprender español, como si la superación fuera a pasar siempre por seguir nuestros códigos. Es una barrera que existe y que va a ser muy duro quitarla. En Berlín, en una entrevista, María Telón, la actriz que interpreta a la madre, dijo una cosa que resume todo lo que te estoy diciendo. Le preguntaron cómo se sentía en Berlín. Y dijo: “me siento muy feliz, porque me consideran igual a pesar de ser indígena”. Y realmente estaba agradecida.

Hablando de María Telón, ¿cómo conseguisteis a los actores?

J.B.: Empezamos haciendo unos talleres de trabajo con mujeres mayas, unos espacios para conversar de sus problemáticas. De ahí yo pretendía hacer crecer el guión y encontrar actores. Rápido nos dimos cuenta de que no se podría hacer. Estábamos trabajando en el área de los volcanes “dormidos” pero íbamos a filmar en el área de los volcanes “despiertos”, por decirlo así. Y el problema es que, aunque las chicas quisieran venir a trabajar, no eran libres de tomar la decisión porque le tenían que pedir permiso al esposo, al hijo, al hermano, al papá… o a cualquier tipo de la comunidad. Así conocí a María, que es miembro de un teatro de calle y que es viuda, por lo que no tiene que pedirle permiso a nadie. Y ella nos llevó a Santa María de Jesús, donde encontramos a todos los actores. Nos encontramos una comunidad curiosa con las artes, emprendedora. Es una sociedad bastante próspera, la mayor parte de la gente es dueña de sus propios terrenos, cultiva sus propios productos, y eso les permite una curiosidad hacia otras cosas. Todo dentro del mundo maya, aunque son muy abiertos con la gente. Después de trabajar con ellos fuimos al área de los volcanes despiertos, el Volcán de Fuego y el Volcán de Pacaya, que están uno frente al otro, en erupción. Habíamos estudiado mucho, no íbamos a tener mucha luz, y no queríamos filmar en una casa normal. Todo lo que ves en la película lo construimos porque no queríamos irrumpir en el mundo de una familia y necesitábamos, por cuestiones técnicas, poder construir de la manera que nos fuese más cómoda a nosotros también.

Las mujeres tienen mucha presencia en esta película, pero no deja de denunciar un mundo machista

J.B.: El matriarcado existe en las sociedades machistas y tiene un poder bastante amplio hasta que llega al borde del machismo. Parece que las mujeres hacen mucho pero lo único que están haciendo es un montón de esfuerzo para dar un paso. Y quienes terminan de caminar son ellos. Ellas pierden energía y tiempo en una cosa que normalmente no requeriría tanta energía. Hay una impresión de ellas toman un montón de decisiones pero realmente están construyendo un montón de estrategias.

¿Es machista el mundo maya o toda Guatemala?

J.B.: Todo el país es machista. Es terrible. Es cierto que cuantas más facilidades económicas tienes, más flexibilidad hay. Pero suele ser machista con cosas muy locas. Ahora que nuestra vicepresidenta está en la cárcel porque robó el 80% de la plata del país, había campañas súper misóginas hacia ella. Yo no la defiendo por lo que hizo, pero también el presidente lo había hecho, y en su caso era un ataque directo hacia el género. Esa es la realidad. Está cambiando, pero el problema del machismo es que también está alimentado por las mujeres.

Ixcanul

¿Cómo fue el recibimiento de la película, entonces, en su país?

J.B.: La película en Guatemala se recibió muy bien. Nosotros teníamos miedo, por eso digo que algo está cambiando. La gente lo vive como una apertura de ojos, y hay un movimiento de la clase media muy alto, que está agarrando la película como propia, y eso es importante porque el mestizo que durante tanto tiempo trató de alejarse de sus orígenes indios para creerse español y no sufrir discriminación hoy en día está adoptando la cultura maya como propia.

Hay racismo, entonces, en Guatemala.

Hay una colonia que se crea implantando una superioridad eurocentrista que, en nuestro caso, pone a los mayas, o a cualquier pueblo originario, en el escalón más bajo. Piensa que hasta que De las Casas dijera que los pueblos originarios tenían alma, fueron un montón de años pensando que no eran dignos de nada. Los criollos también causaron desgracia en la evolución de los pueblos originarios, igual que la intervención gringa, que vino a aprovecharse de lo que ya se había implantado.

La película muestra a una familia en condiciones de pobreza, pero hasta entrada la película no se asimila esa definición. Igualmente, la cultura de la familia está muy presente y parece muy rica.

Yo crecí en una comunidad así, pero tampoco es que la cultura sea tan distinta. La diferencia no se puede marcar si no estás confrontado al otro polo. Un país tiene que estar equilibrado. Mucha gente dice: “ay, pues si tan bonito viven, no importa que sólo tengan un dólar por semana”. Y lo que viste en la película puede darse con un dólar por semana. Comen frijoles todos los días, comen maíz, tienen ellos sus animales y, cuando un animal llega a un tamaño normal, se lo comen, pero mientras tanto tienen que crecer… Cuando estás solo ahí, acabas comiendo frijoles, pero cuando sales te das cuenta de que no tienen acceso a nada, no se pueden pagar medicinas, no se pueden pagar nada. La película no habla tanto de qué malo sería vivir con un dólar por semana, si todos viviésemos igual, como de lo malo que es cuando comparas una vida con la otra.

En España hubo un gran escándalo hace poco con asuntos de bebés robados. ¿Era algo tan llamativo en Guatemala también?

J.B.: Yo sabía lo que pasó acá porque se usaba mucho lo del ataúd con un ladrillo, los saquitos de arena. De algún lado lo aprendimos… o igual a todos se nos ocurre la misma idea. Guatemala hasta 2008 fue el país número uno exportador de niños en el mundo. Normalmente, las adopciones eran legales, pero hay casos en los que el niño salió con pasaporte de turista. No había pruebas de ADN y ese problema tampoco se podía controlar. La gente venía a adoptar, muchas veces desde Canadá y Estados Unidos, y podían tener un bebé en tres semanas, lo que va contra la lógica de cualquier adopción. Aunque normalmente era entre tres semanas y ocho meses. Al firmar la paz en Guatemala, todas las casas que tenían mujeres como esclavas sexuales dejaron de producir bebés y empezaron a robarlo por otros lados. En 2008 se prohibió la adopción desde el extranjero y ahora la ley está volviendo a ser trabajada. Tres meses después del rodaje, un poquito más, en edición, nos llamaron para contarnos que en el hospital donde habíamos filmado habían capturado a una banda que robaba. Y es algo que afecta más a los indígenas porque tienen más necesidad, falta de información pero, también, volvemos al hecho del dólar por semana.

Pilar Peredo, productora de Ixcanul, interrumpe la charla que lleva observando desde una esquina.

P.P.: Es más fácil engañar a alguien que no tiene educación, que no tiene idioma.

J.B.: Y también influye el hecho de que hay un porcentaje grandísimo de madres de 14 y 15 años. Las iglesias son muy fuertes en sus discursos anti prevención, anti aborto, anti sexo… Al final vas a terminar cogiendo, no lo puedes evitar porque es humano, y eso hace que haya un montón de nacimientos de niños no anunciados y, al final, necesitan deshacerse de ellos, darlos… Hay muchos robos pero también hay muchos casos de entrega. En muchos casos a las niñas les prometen una casita donde van a vivir muy bien, les dan plata y terminan dándolo.

¿Y cómo fue la recepción por la comunidad maya?

J.B.: Hicimos la primera proyección en el volcán, porque nos ayudaron un montón y teníamos una deuda pendiente. Les gustó mucho la película, fue como una fiesta. La gente en Guatemala sabe que estamos dando vueltas. Salas de cine sólo hay en las ciudades, la mayor parte de los mayas no tiene acceso. Estamos construyendo una sala de cine dentro de un bus para llevar la película a las comunidades mayas. Estamos financiándola, creando un crowdfunding.

¿Qué se siente al ser seleccionado para los Óscar?

J.B.: Es muy agradable ser el primero, pero también representa mucho trabajo en nuestro país, que no tiene ayudas, o muy pocas, no tiene fondos, un país en donde la mayor parte de la gente en Guatemala, cuando anunciamos que la película salía, nos preguntaba abiertamente en las redes sociales, a nosotros, dónde podían ver la película pirata.

P.P.: No existen estructuras, no está institucionalizado el cine como industria. Eso requiere un esfuerzo más grande que en otros lugares donde todo está instalado.

J.B.: Somos muy pocos en el país y hay muy poca película de autor. El cine se usa como entretenimiento y evasión.

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